Hace ya un tiempo que vi Decision to Leave, de Park Chan-wook, pero sigue regresando a mi cabeza de vez en cuando. Es una de esas películas que dejan poso, que se quedan contigo y sabes que recordarás hasta que vuelvas a verla.

Es un noir con toques clásicos, pero que al mismo tiempo resulta fresco y moderno. La narración encaja perfectamente con los tiempos actuales, aunque mantiene ese ritmo tan característico del cine asiático que a algunos les parece lento, pero con el que yo conecto muchísimo. Disfruto ese tempo pausado, casi hipnótico, que saben imprimir a sus historias.
Visualmente es un clímax estético. Está hecha con un gusto exquisito. La iluminación en interiores oscila entre lo cálido y lo lúgubre, y en exteriores capta la naturaleza del entorno con un tono que a veces roza lo onírico. La fotografía acompaña cada momento con precisión, combinando escenas contemplativas con estallidos de violencia repentina.





La historia gira en torno a dos protagonistas: un policía veterano, metódico y honrado, que sufre insomnio, y una mujer china inmigrante en Corea a la que él debe investigar como posible asesina de su marido, encontrado muerto en la montaña tras una salida de escalada. Entre ambos surge una tensión emocional que va creciendo a medida que avanza la película. Los dos actores están brillantes y sostienen la historia al mismo nivel.
Me pareció un film cargado de misterio, suspense y emociones intensas, pero también lleno de calma y belleza contemplativa. Esa dualidad, tan difícil de equilibrar, es algo que el cine asiático domina como pocos.
El cine coreano lleva tiempo en boca de todos, y con películas como esta es fácil entender por qué. Me sumergí en Decision to Leave desde el primer minuto y no me soltó hasta el final. Y, como dije al principio, después de verla sigues dándole vueltas: vuelve a tu cabeza días y semanas más tarde. La recomiendo muchísimo.





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